El Wahabismo en el Mundo Moderno


En este mundo moderno, sobre todo en el occidente contemporáneo, el Islam suele ser percibido a través de un enfoque cargado de estereotipos, miedos y simplificaciones. En ocasiones, discursos mediáticos lo asocian con características fundamentalistas, violencia y muchas veces intolerancia, lo que reduce su diversidad a visiones arcaicas. Dentro de este marco de distorsión, el Wahabismo, que es una corriente del Islam sunní, ha sido señalado como un símbolo de rigidez y radicalismo. 

No obstante, estas visiones dejan de lado una realidad más matizada, en la que el wahabismo actual no constituye un bloque estátic
o. En su centro doctrinal (Arabia Saudita) ha atravesado transformaciones ligadas a reformas internas, dinámicas sociales y presiones internacionales. A su vez, en su proyección hacia otras regiones del mundo musulmán, el wahabismo ha adoptado expresiones diversas, adaptándose y en ocasiones resistiéndose según el contexto sociopolítico local. Factores como la globalización, los conflictos regionales y el contacto con otras corrientes islámicas han generado variaciones importantes en la forma en que esta corriente se manifiesta y se interpreta.

Ahora bien, también es necesario señalar que el wahabismo, pese a su evolución en ciertos aspectos, sigue sosteniendo una interpretación del islam que busca imponerse como la única válida, lo que ha generado tensiones dentro del mundo musulmán. Su visión normativa tiende a rechazar otras prácticas religiosas y enfoques teológicos, lo que limita el reconocimiento de la pluralidad doctrinal del islam contemporáneo.

En la siguiente entrada exploraremos cómo el wahabismo, más allá de esta narrativa dominante, ha evolucionado y adoptado transformaciones según el entorno cultural y político en el que se encuentra. ¡Acompáñennos! 


El wahabismo ha experimentado una transformación significativa desde su formulación original en el siglo XVIII por Muhammad Ibn Abd al-Wahhab hasta su configuración contemporánea. En sus inicios, fue una corriente reformista centrada en la depuración del islam de prácticas consideradas innovadoras, con un fuerte énfasis en el monoteísmo y en la estricta obediencia a las normas religiosas como base de legitimación política. Sin embargo, hacia finales del siglo XX, especialmente tras la invasión de Kuwait en 1990, comenzó a evidenciarse una ruptura entre el Estado saudí y la ortodoxia wahabí. La permisividad del régimen frente a la presencia militar estadounidense obligó al clero wahabí a emitir una fatua justificatoria que fue duramente criticada por sectores islámicos, marcando el inicio de un proceso de debilitamiento de la autoridad religiosa tradicional. A ello se sumó el surgimiento de actores disidentes como los “Sheikhs del despertar”, que denunciaron la complacencia del wahabismo institucional frente a la ocupación extranjera y su obsesión ritualista, al tiempo que la juventud saudí comenzaba a alejarse de sus postulados en favor de ideas más reformistas y politizadas. 


En respuesta a estas tensiones internas, el gobierno saudí ha adoptado medidas que revelan una paulatina marginación del aparato religioso wahabí, como lo demuestra la exclusión de sus representantes en la Conferencia Nacional de Diálogo de 2003. Aún así, el wahabismo ha compensado esta pérdida de hegemonía interna con una expansión global agresiva financiada por los petrodólares saudíes desde la década de 1970, proyectándose a través de mezquitas, centros islámicos y literatura religiosa que promueve un islam rígido e intolerante. Esta proyección ha encontrado terreno fértil en regiones marcadas por conflictos o inestabilidad, desde Asia Central hasta Europa Occidental. Como señalan Iliev, Grizev y Petrovski (2022), este proceso ha estado acompañado por una estrategia de cooptación institucional mediante financiamiento, adoctrinamiento y control de liderazgos religiosos locales, consolidando una presencia wahabí que, aunque erosionada en su lugar de origen, conserva capacidad de influencia a escala transnacional. De ese modo, el wahabismo moderno ha pasado de ser un movimiento teológico puritano a una ideología globalizada, expansionista y profundamente politizada.


Esta evolución del wahabismo también ha generado nuevas dinámicas de competencia dentro del islam global, especialmente frente a corrientes rivales como el chiismo iraní o el islam político representado por los Hermanos Musulmanes. Mientras el wahabismo promovido por Riad insiste en una ortodoxia salafista despolitizada en lo discursivo, pero estratégicamente activa en el plano geopolítico, sus contrincantes han desarrollado propuestas que combinan acción política con movilización religiosa. En contextos como los Balcanes, el África subsahariana y el sudeste asiático, la expansión wahabí ha entrado en conflicto con tradiciones locales islámicas más sincréticas o sufíes, generando divisiones internas y procesos de radicalización. En países como Bosnia, por ejemplo, se ha documentado cómo el financiamiento saudí ha servido para transformar paisajes religiosos e institucionales previamente ajenos al salafismo estricto, creando tensiones con las formas tradicionales del islam local.


Simultáneamente, los intentos de reforma interna en Arabia Saudita bajo el liderazgo de Mohammed bin Salman, articulados a través del programa Visión 2030, han significado una clara reducción del protagonismo público del clero wahabí. La marginación de la policía religiosa (mutawa‘a), la introducción de cines, conciertos y eventos deportivos, y la promoción de un “islam moderado” han redefinido el contrato entre religión y poder en el reino. No obstante, esta transformación no ha supuesto una liberalización religiosa, sino más bien un control centralizado del discurso islámico, ahora subordinado directamente al aparato estatal. Así, el wahabismo ha perdido su papel como ideología oficial, pero continúa operando como herramienta de soft power a través de fundaciones, universidades y medios de comunicación que aún promueven una visión ultraconservadora del islam fuera de Arabia Saudita. Esta ambivalencia permite comprender cómo el wahabismo, a pesar de su declive local, mantiene una presencia global con efectos persistentes en las configuraciones religiosas contemporáneas.


Para concluir con este tema, es necesario saber que el wahabismo contemporáneo es el resultado de un proceso complejo de transformación, tensado entre la pérdida de centralidad en su espacio de origen y su capacidad de adaptarse en escenarios internacionales diversos. Aunque ya no ocupa el lugar privilegiado que tuvo dentro de la estructura de poder saudí, su influencia no ha desaparecido, sino que se ha reconfigurado mediante estrategias de expansión transnacional y control discursivo. Lejos de ser una ideología estática, el wahabismo ha sabido reposicionarse como un instrumento de poder blando, capaz de moldear prácticas religiosas, relaciones interislámicas y dinámicas geopolíticas.


Referencias: 


Iliev, A., Grizev, A., & Petrovski, A. (2022). Ideology of modern Wahhabism. Friedrich-Ebert-Stiftung, Volume III(7), 189–200.  https://www.researchgate.net/profile/Blerta-Ahmedi/publication/370592664_INCRIMINATION_AND_DETECTION_OF_FORGERY_OF_DOCUMENTS/links/64583d494af788735263404e/INCRIMINATION-AND-DETECTION-OF-FORGERY-OF-DOCUMENTS.pdf#page=189

Al-Rasheed, M. (2021). Rethinking the Saudi State: Mohammed bin Salman and Religious Authority. Review of Middle East Studies. Cambridge University Press. https://www.cambridge.org/core/journals/review-of-middle-east-studies/article/abs/rethinking-the-saudi-state-mohammed-bin-salman-and-religious-authority/74C4D7C02B576FE8886307AEF3BFF2D3


Haykel, B. (2020). Mohammed bin Salman’s Religious Reformation. Carnegie Endowment for International Peace. https://carnegieendowment.org/2020/03/09/mohammed-bin-salman-s-religious-reformation-pub-81295


Nevo, A., & Pardo, S. (2021). Saudi Arabia’s Export of Salafism and its Impact in the Balkans. Middle East Institute. https://www.mei.edu/publications/saudi-arabias-export-salafism-and-its-impact-balkans

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