La religión como elemento legitimador del poder político en Arabia Saudí, 1744–1932
El wahabismo, movimiento reformista surgido en el siglo XVIII, ha sido uno de los factores determinantes en la construcción del Estado saudí y en la configuración de su identidad política y religiosa. Su historia, profundamente entrelazada con la de la dinastía Al Saud, ilustra cómo una doctrina religiosa pudo actuar como instrumento de cohesión tribal, legitimación del poder y justificación de la expansión territorial. No obstante, el desarrollo de este vínculo revela también una constante subordinación del elemento religioso a los intereses del poder político, configurando una relación asimétrica entre ambos.
En primer lugar, la alianza fundacional entre el clérigo Muhammad ibn Abd al-Wahhab y el emir Saud ibn Muhammad en 1744 marcó el inicio de un proyecto de unificación tribal y territorial en la Península arábiga. La doctrina wahabí ofreció a la dinastía Al Saud la legitimidad necesaria para liderar dicho proceso, dotando al poder político de un discurso moral cohesivo y de un pretexto religioso para emprender conquistas en nombre del islam purificado.
En segundo lugar, el éxito del wahabismo se apoyó en un programa de islam rigorista basado en el monoteísmo absoluto (tawhid) y el rechazo a toda forma de innovación (bida) que se alejara de las prácticas originales del islam. Cualquier desviación era interpretada como politeísmo, lo que justificaba la violencia religiosa bajo la forma de yihad. Esta visión extrema permitía además declarar infieles a los musulmanes que no compartieran su interpretación, ampliando el campo de enemigos del nuevo orden saudí-wahabí.
Además, durante el Primer Emirato Saudí (1744-1818), el wahabismo se convirtió en una ideología expansionista que justificaba las campañas militares contra tribus rivales y el Imperio Otomano. La caída del emirato no supuso la desaparición de la doctrina, ya que esta había desarrollado una infraestructura religiosa sólida que sobrevivió a la derrota militar, garantizando su continuidad doctrinal.
El Segundo Emirato Saudí (1824-1891) enfrentó nuevas tensiones entre religión y política. La pérdida de poder ante los rashidíes, considerados idólatras, generó divisiones internas en el clero wahabí respecto a la lealtad al poder político. La subordinación incuestionable a los Al Saud comenzó a erosionarse, mostrando que el wahabismo no era un bloque homogéneo, sino un cuerpo doctrinal sujeto a disputas internas cuando el poder dinástico entraba en crisis.
La etapa de unificación final liderada por Ibn Saud (1903-1932) consolidó al wahabismo como religión oficial del Estado. Sin embargo, el líder saudí adoptó una postura política pragmática, moderando la aplicación estricta de la doctrina en regiones con diversidad religiosa como el Hiyaz o Hasa. Esta actitud generó el rechazo de sectores más extremistas, como los Ikhwan, quienes fueron derrotados militarmente en 1929, reafirmando la supremacía del poder político sobre el dogmatismo religioso.
Finalmente, con la proclamación del Reino de Arabia Saudí en 1932, el wahabismo quedó subordinado de forma definitiva al proyecto estatal de los Al Saud. Aunque continuó desempeñando un rol en la moralidad pública y en la legitimación simbólica del régimen, el poder político se reservó el control absoluto sobre la política interior y exterior. En tiempos recientes, las reformas impulsadas por la monarquía, orientadas hacia la modernización y la apertura económica, han debilitado aún más la influencia del wahabismo en la esfera gubernamental.
En conclusión, el wahabismo ha sido un aliado estratégico, pero nunca un actor soberano en la historia del Estado saudí. Su poder doctrinal ha servido para justificar la expansión territorial, consolidar el orden interno y legitimar la autoridad de los Al Saud. Sin embargo, cuando los intereses del reino han exigido flexibilidad, ha sido el pragmatismo político y no el rigorismo religioso el que ha prevalecido. Así, la trayectoria del wahabismo revela cómo una ideología religiosa, por más influyente que sea, puede quedar supeditada a los fines de un proyecto de poder que la instrumentaliza según las exigencias del momento histórico.
Post extraído de: https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/7026708.pdf
Video inspirado: https://youtu.be/MtL06aMJFso?si=QR8jceMdRKc1Limq (La lupa de Galeb; conductor: Galeb Moussa.)
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