El wahabismo, instrumento del poder blando saudí

Desde la fundación del emirato saudí a mediados del siglo XVIII, sus gobernantes han soñado con difundir a gran escala el wahabismo, una doctrina teológico-política literalista inspirada en el hanbalismo (escuela jurídica co-teológica suní). Sin embargo, estas ambiciones hegemónicas se han quedado en papel mojado por falta de recursos humanos, económicos, técnicos e ideológicos. Las cosas empezaron a cambiar gradualmente durante la primera mitad del siglo XX.

Hasta principios de la década de 2000, Arabia Saudí se presentaba como el modelo de Estado islámico deseado por generaciones de teóricos y militantes (aplicación de la sharia, apoyo a la yihad, ayuda a los necesitados, etc.). Y ni que de
cir tiene que una de las obligaciones de este tipo de entidades político-religiosas es, por supuesto, el proselitismo, especialmente fuera de las fronteras estatales modernas. Consagrada en la Ley fundamental de 1992 (artículo 23), la difusión del islam wahabí se ha convertido en uno de los pilares de la diplomacia religiosa de Riad.



Para lograr sus objetivos espirituales y temporales, la monarquía usa y abusa de la política de la chequera. Lamentablemente, dada la opacidad del régimen, no podemos tener una idea clara de las sumas comprometidas en este ámbito desde los años sesenta. Según algunos cálculos que hay que manejar con cuidado, el Reino podría haber gastado entre 80.000 y 210.000 millones de dólares para difundir el wahabismo. Solo Estados Unidos y la extinta URSS han podido “hacerlo mejor” en este campo.

Es asi que l
a diplomacia religiosa saudí experimentó un desarrollo exponencial durante las décadas de los setenta y ochenta, pero la invasión de Kuwait por parte de Irak en 1990 ralentizó esta dinámica. Gran parte del movimiento islamista se volvió contra Riad en respuesta a la petición de ayuda de las potencias occidentales lideradas por Estados Unidos.

Durante los primeros años del tercer milenio, los Saud intentaron blanquear su reputación internacional por medio de una serie de acciones que, sin embargo, casi no tuvieron impacto en la naturaleza del régimen y en su diplomacia religiosa. Los datos disponibles, especialmente las estadísticas oficiales y los telegramas confidenciales revelados por Wikileaks en 2015, prueban que el Reino no solo ha seguido apoyando a un gran número de grupos islamistas, algunos de ellos armados, sino que también ha exportado sus doctrinas y prácticas religiosas a todos los rincones del mundo. Incluso podemos ver una tendencia al alza tras los levantamientos populares de 2011 y el crecimiento de la organización Estado Islámico.



En vista de las acciones y palabras de los depositarios de la diplomacia religiosa saudí, en particular el anuncio en enero de 2020 de la retirada de la LIM de la gestión de la mezquita de Ginebra, parece claro que la Arabia Saudí de MBS está dispuesta a sacrificar su diplomacia religiosa en Occidente en aras de sus intereses político-religiosos. Riad, por una parte, asegura a sus socios occidentales estratégicos la legitimidad y continuidad del régimen y, por otra, salva la mayor parte de su estructura proselitista, desplegada sobre todo en África y Asia.

Incluso este sacrificio táctico debe ponerse en perspectiva porque solo afecta a centros islámicos muy costosos financiera y políticamente. Los otros instrumentos del poder blando religioso (medios de comunicación, editoriales, redes sociales, sitios web, asociaciones, predicadores, becas, canales satelitales, etc.), menos visibles, pero igual de eficaces, siguen desplegados.

En conclusión el wahabismo se presenta como una tradición con vocación universal. La cual busca reunificar las doctrinas y prácticas de la umma antes de ir al asalto del mundo ha sido la máxima ambición de sus representantes desde el siglo XVIII. Gracias a un contexto favorable y al aumento de los ingresos petroleros, este ardiente anhelo se transforma en una verdadera estrategia de proselitismo a mediados del siglo XX. Impulsada por una panoplia de instituciones, actores y mecanismos, esta política pública no solo pretende difundir a gran escala la religión de los «salaf», los ancestros piadosos, sino también servir a los objetivos internos y geopolíticos de la casa reinante, que cambian según las circunstancias

Extraido de: 
https://www.politicaexterior.com/articulo/el-wahabismo-instrumento-del-poder-blando-saudi/

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